Basoa Suites, una noche en una cabaña

“Una noche en un lugar de ensueño;

conectar con la naturaleza

y desconectar del mundo.”

Estos meses atrás han sido muy complicados. Hemos vivido una pandemia mundial para la que nadie estaba preparado y que ha paralizado nuestras vidas. Con afecciones de todos los tipos y muchas con gran trascendencia, hemos aprendido a valorar la libertad y el contacto con la naturaleza como nunca lo habíamos hecho.

Tras implantarse la desescalada por fases en las comunidades, empezamos a ver la luz y tener otra vez, la oportunidad de viajar dentro de nuestra comunidad. Con más ganas que nunca de poder salir, intentamos aprovechar el regalo que nos hicieron los padres de Iñigo por navidad: una noche en una de las cabañas de Basoa Suites en Navarra.

Aunque el regalo nos lo hicieron en navidad, por la alta tasa de reservas que tenían, no pudimos hacer una reserva hasta Semana Santa. Debido a la cuarentena, tuvimos que posponerla y casi por un milagro, conseguimos volver a hacer una reserva para una noche de junio.

El alojamiento os sorprenderá en cada uno de sus rincones, ya que se trata de unas cabañas únicas en el robledal de Amati en el Valle de la Ultzama, un lugar precioso.

Cada cabaña tiene una loclaización única en el robledal, que hace que parezca que estás solo en el bosque. Con unas escaleras empinadas que se pierden entre las ramas de un roble, se accede a una cabaña rústica de madera.

La cabaña por dentro es de lo más sencilla, ¡pero atención!, el lujo en pura naturaleza conlleva no tener ni agua corriente ni electricidad en la habitación. Y diréis, ¿y eso cómo funciona? Muy sencilllo: frente a la elecricidad, uno focos inalámbricos y frente al agua corriente….. ¡ un baño seco!

Efectivamente, dentro de la cabaña no tendréis un baño convencional, sino uno que os hará volver a la sencillez pura y dura. Bastará con echar un poco de serrín tras su uso para que todo desaparezca.

Antes de desvelaros todo el encanto de las habitaciones, dejaremos lugar a la sorpresa sin mostraros el interior, para que al llegar, os sorprendáis tanto como nosotros.

Y ahora lo importante, ¡la comida!

Dentro del regalo, nos incluyeron una cena tipo pic-nic en la cabaña. Antes de llegar, avisamos de que parte del menú tendría que ser apto para celíacos y así nos lo hicieron saber nada más llegar. Al grito de ” ¡¡Belea, la cena!!” nos dejaron una cestita colgando de la cabaña que nosotros tuvimos que subir con una polea. Dentro de ella encontramos lo siguiente:

  • Una botella de vino blanco con dos copas.
  • Crema de verduras
  • Croquetas con gluten para Iñigo.
  • Paté de cerdo para mi.
  • Una tortilla de patatas.
  • Cuajada.
  • Y pan sin gluten y hogaza de pueblo para Iñigo.

El desayuno estaba incluido en el precio, y como era de esperar, llegó con mis opciones sin gluten: zumo de naranja natural, yogurt de leche de cabra, tortilla de jamón, pan sin gluten, magdalenas, mermelada y café….

¿Qué os parece? A nosotros, una noche mágica para recordar.

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